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NeoFronteras

La falsa excelencia de la ciencia española

martes 30 noviembre 2010 - Tipo: Colaboración

Por Carlos Argüelles

Tampoco la actividad científica española, secularmente mediocre, escapa a las profundas contradicciones de una sociedad dominada por la imagen superficial, donde los continentes priman sobre los contenidos. Los estamentos oficiales vienen insistiendo en el notable progreso de nuestra investigación, juzgándola equiparable con la realizada por el resto de naciones que conforman nuestro entorno geopolítico. Tal afirmación toma como parámetro crítico la denominada “productividad científica”, plasmada en la cantidad y relevancia de las publicaciones internacionales generadas por los grupos de investigación. Sin embargo, aun siendo admisible la validez general de este único criterio, su aplicación universal e infalible resulta muy discutible, por asentarse sobre premisas falsas. Así, el fin último de la ciencia no es “producir” artículos, sino “descubrir” conocimientos ocultos y “crear” nuevas técnicas y herramientas metodológicas que permitan seguir profundizando en siguientes investigaciones; amén de conllevar aplicaciones potencialmente beneficiosas para la humanidad y la biosfera en su conjunto.

Algunas otras facetas negativas requieren una adecuada reflexión y revisión, en su caso. El método “científico-capitalista” mide la actividad global del grupo, sin deslindar la aportación específica de cada miembro en particular; aunque se han sugerido factores correctores relativos al número y posición de los autores en un artículo, su uso no es obligatorio. La evaluación de los artículos por pares (reputados especialistas en la materia) no es anónima y el grado de afinidad entre autores, revisores y editores de las revistas puede supeditar la decisión sobre su aceptación. La trascendencia de las publicaciones atiende al famoso “índice de impacto”, invento de una compañía comercial norteamericana, que defiende sus propios intereses. Además, varios expertos resaltan cómo las revistas de mayor relevancia, dado su carácter vanguardista y a fin de mantener su lugar preeminente, suelen admitir un gran número de manuscritos altamente especulativos. Como consecuencia, se genera una presión dañina sobre los investigadores, condicionando una estrategia de resultados inmediatos que garanticen un nivel impactante de publicaciones, raíz de los sonados casos de fraude científico. La perversión del sistema llega al punto de ser numerosas las publicaciones firmadas por autores que no han tenido participación activa en los mismos -incluso ocupando cargos públicos de gestión-, mientras muchos científicos consideran como un hito capital de su trayectoria, la publicación en una revista con alto impacto, antes que realizar una contribución esencial al conocimiento.

Las derivaciones dramáticas del problema surgen porque las agencias evaluadoras de turno, ministerio español incluido, siguen a rajatabla esta estrategia perniciosa en la concesión de proyectos, tendiendo a financiar de modo preferente los denominados “grupos de excelencia” -grandes equipos con una enorme productividad científica-, en detrimento de los equipos minoritarios, que se ven abocados a la extinción. No obstante, un examen riguroso de la historia demuestra lo erróneo de esta política: la ciencia no sigue una línea continuista cimentada en la acumulación sucesiva de datos ortodoxos. Los grandes hitos científicos son siempre rupturistas con el paradigma establecido y han sido el fruto de equipos reducidos o incluso investigadores aislados, en lucha abierta con la doctrina oficial. Por otra parte, la productividad no debería medirse en términos absolutos referentes al número total de artículos; sino relativos fijando la relación entre las publicaciones frente al número de investigadores y la financiación otorgada.

Pero donde la irracionalidad del sistema alcanza su máxima expresión es en la universidad, que según las estadísticas realiza en torno al 60-70% de la investigación global. España no cuenta con ninguna universidad entre las 100 o 200 mejores del mundo (dependiendo del ranking utilizado). Sin embargo, si admitimos la propaganda oficial, nuestras universidades están bien surtidas de excelentes equipos investigadores. ¿Cómo se explica que la universidad española merezca una valoración tan mediocre si está llena de grupos de excelencia internacional? La contradicción resulta evidente y la respuesta, sin duda compleja, pasa por cuestionarse la validez de los principios definitorios de la esencia universitaria. Una de las claves reside en el criterio sostenido y discutible de crear plazas de profesorado universitario atendiendo primordialmente a méritos investigadores, orillando los aspectos docentes que para muchos profesores representan el grueso de su quehacer universitario, provocando la desincentivación y el abandono del esfuerzo académico. Es preciso otorgar a las tareas académicas idéntico valor a la actividad investigadora. No es de recibo que mientras los estímulos investigadores están sujetos a evaluación nacional, los componentes docentes se concedan prácticamente a todo el profesorado por decreto, de forma indiscriminada.

Juan Carlos Argüelles es Catedrático de Microbiología en la Universidad de Murcia

30-11-2010  »  NeoFronteras

Comentarios: 5

  1. Miguel Angel
    7 diciembre 2010 @ 3:53 pm

    Eso que llama el autor «grupos de excelencia» enlaza con el corporativismo que reina desde tiempos inmemoriales en este pais.
    ¿Y si hablamos de como se accede a las plazas de docente universitario? No hablo sin conocimiento de causa de este tema porque lo he vivido en primera y segunda persona: mi padre es Licenciado en Química y trabajó toda su vida de docente en enseñanza secundaria, al principio de su carrera trabó amistad con un catedrático de Madrid quien le propuso presentarse a una oposición a profesor titular universitario, mi padre no tenía interés en cambiar de trabajo , «no te preocupes que esto es un favor que tu me haces a mí, necesito que te presentes para cubrir el expediente».´La plaza en cuestión ya estaba dada de antemano y el catedrático quería presentar a un pupilo que no iba obtener la plaza para que le debieran «un favor» para el futuro… ¿les resulta familiar lo que cuento?
    Saludos desde este mundo de falsa igualdad de oportunidades.

  2. Alicia Granada
    2 febrero 2011 @ 7:08 pm

    NOTA del Administrador:
    Este comentario ha sido borrado debido a que era ofensivo hacia la persona de la que se hablaba.

  3. Miguel de las Doblas
    28 julio 2011 @ 11:59 am

    Estimado Carlos Argüelles
    No se como permites que en tu blog se cuelguen comentarios personalizados tan nefastos como el que hace Alicia Granada sobre mi persona. ¿De que me conoce esa señora para opinar de esa manera sobre mi? ¿De donde saca lo del servilismo a un jefe, las porquerías de mi blog, o que yo no tengo proyectos? ¿Quien le permite hacer afirmaciones sobre mi mediocridad?.Te pido que elimines sus comentarios de tu blog ya que no me parece justo aparecer en el buscador de Google, sin derecho a réplica, con los apelativos gratuitos que me «regala» esa supuesta excelente investigadora a quien no le reconocen sus méritos. Sus amarguras, justificadas o no, no tengo porque pagarlas yo.

  4. NeoFronteras
    28 julio 2011 @ 8:20 pm

    Señor de la Doblas:
    El comentario en cuestión ha sido eliminado. Es verdad que era un poco insultante. Lamentamos los trastornos causados.

  5. thetimethespaceandandtheman
    24 junio 2013 @ 10:41 am

    De nuevo, pura sensatez.

    Me encanta,,,,,:-),,,,:-),,,,,,,,,,

    A los políticos les encanta crear ‘estándares de calidad y excelencia’, ‘comités de sabios’,,,,,,,,y ‘curriculums homologables ‘, etc. etc.

    Siempre recuerdo el caso de Maxwell.

    Los científicos victorianos, planeaban grandes redes de telegrafía con cable.

    Y un solo hombre, recogiendo el trabajo de otros antes de él, escribía 4 ecuaciones que llevarían a donde ni podían imaginar todos los ‘excelentes ‘ victorianos.

    La ciencia es pasión, lucha, honestidad, rigor, y sudor.

    El dinero, el poder, es otra cosa.

    Gracias por hacerme reír sanamente:

    «Pero donde la irracionalidad del sistema alcanza su máxima expresión es en la universidad, que según las estadísticas realiza en torno al 60-70% de la investigación global. España no cuenta con ninguna universidad entre las 100 o 200 mejores del mundo »

    Recuerdo un tema, justamente en mi universidad, teníamos un problema matemático clave para un aspecto técnico de radioastronomia.

    Bueno, pues varias noches con música (Sin música y café, no arranca mi cpu), café, papeles y lapiz, comencé el baile de las matrices y bloques de álgebra, , y ‘bingo’, lo resuelvo.

    ‘Vamos a enviarlo a publicación, será útil’. dije.

    ‘¿Pero que dices javier?, ni loco, lo dividimos en 8 trozos, y así en vez de una publicación, tenemos 8, mejor para nuestro curriculum’.

    Estas cosas, sino fuera por lo duro de la realidad, serian de agradecer por la risa que nos dan.

    Gracias Neo por estos trocitos de sensatez.