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NeoFronteras

El calentamiento global

Viernes 12 agosto 2005 - Tipo: Editorial

Ya no hay más dudas sobre el calentamiento global, es real y está ocurriendo. Recientemente se están recibiendo muchas noticias relacionas con este asunto y todas son alarmantes. Algunas ya han sido publicadas en NeoFronteras y otras lo serán próximamente.
Hoy 11 de agosto, momento en que se están escribiendo estas líneas, se han conocido diversas noticias al respecto.
Sólo en la revista Science se han publicado tres artículos al respecto. En uno se resuelve la discrepancia de los datos provenientes de satélite y en el segundo los provenientes de globos meteorológicos. Ahora todos los datos y modelos de predicción empiezan a encajar.
El efecto invernadero supone una amenaza para la Tierra. El hombre con su actividad industrial y en los transportes ha estado consumiendo mucha cantidad de combustible fósil (carbón, petróleo, gas natural…) durante los últimos decenios. Su combustión produce dióxido de carbono que es un gas invernadero.
También se ha publicado recientemente que en Siberia se está liberando metano, un potentísimo gas invernadero, debido al calentamiento del permafrost (suelo que a cierta profundidad permanece helado todo el año) por el propio calentamiento global, en un ciclo que parece estar retroalimentándose.
Recientemente se ha publicado otro resultado sobre las grandes consecuencias que sufrirán las regiones tropicales y uno más sobre el efecto en las capas altas de la atmósfera.
Podemos enumerar muchos otros resultados, pero ya todos apuntan hacia el mismo culpable: el ser humano.
El efecto invernadero es muy parecido a lo que ocurre en los invernaderos para cultivos de plantas. Los rayos del sol al incidir en el suelo calientan el mismo. El suelo, una vez caliente, emite radiación infrarroja que es emitida al espacio y que es parcialmente reflejada por la atmósfera hacia el suelo otra vez. De este modo la temperatura del conjunto se eleva.
Siempre ha habido efecto invernadero, y este mismo efecto permite la vida sobre la Tierra. Lo que trae graves consecuencias es cambiar la intensidad de dicho efecto.
Cuando aumentamos los gases de este tipo el porcentaje de radiación infrarroja reflejada hacía el suelo aumenta, con el consiguiente aumento de la temperatura.
La vida en la Tierra puede adaptarse a cambios climáticos que se producen de una manera lenta en el tiempo, pero el actual ritmo cambiaría la vida en la Tierra tal y como la conocemos de una manera brutal. Un bosque, por ejemplo, se mueve muy lentamente a través de diversas generaciones de árboles.
No ya sólo la subida de los niveles del mar anegaría ciudades costeras como Nueva York, Barcelona y similares, sino que el cambio climático alteraría los monzones, aumentaría la fuerza de los huracanes, habría más sequía e inundaciones y toda una multitud de desastres “naturales” de todo tipo como la difusión de enfermedades tropicales hacia las áreas “templadas”.
Todo esto sin entrar en la extinción masiva y para siempre de toda clase de especies animales y vegetales. Mas vale que nos acostumbremos a un mundo poblado de ratas, perros, cucarachas, palomas y humanos, porque casi todas las demás especies desaparecerán.
Todo esto que parece catastrofista no lo es tanto cuando se leen los datos científicos serios de los que disponemos. No estamos hablando de cuatro locos pseudoecologistas de Greenpeace viviendo en una paranoia inventada y diciendo tonterías.
El primer paso para resolver un problema es conocer su existencia y ser positivo en este caso es estar en posesión de todo este conocimiento y actuar en consecuencia. Ignorar “felizmente” lo que está pasando y practicar la política del avestruz puede que sea “optimista”, pero nos puede costar muy caro.
Todavía estamos a tiempo de arreglar el desaguisado. Una vez entremos en un ciclo de retroalimentación positiva ya no será posible, y será imparable hasta que la naturaleza alcance un nuevo equilibrio muy diferente del actual.
Si ahora empezamos a parar la quema de combustibles fósiles podemos lograrlo. Algunas de las soluciones alternativas ya las tenemos como la energía eólica y la solar. El ahorro y evitar el despilfarro es también parte de la solución.
Pese a quien le pese, la energía nuclear convencional puede sernos de utilidad porque no emite gases de invernadero, aunque quede por resolver el problema de los residuos. Sólo mencionar que el sol es un gigantesco reactor nuclear y que todas las energías convencionales provienen directa o indirectamente de él. Negarse por sistema al uso de la energía nuclear, porque la palabra “nuclear” suena mal, y pretender usar al mismo tiempo el horno microondas, la TV o el estereo es una gran paradoja a la vez que una hipocresía.
Otra promesa podría ser la energía de fusión nuclear (la fusión de hidrogeno en helio en una reacción nuclear que produce la energía en el sol y las estrellas). Apoyada sólo periódicamente dependiendo de las oscilaciones del precio del petróleo no ha sido desarrollada convenientemente. Parece que ahora con la construcción del ITER hemos entrado de nuevo en el camino de disponer de esta energía en 20 o 30 años (cada 20 años se promete que dispondremos del primer reactor termonuclear en 20 años, en una triste historia oída una y otra vez hasta la saciedad).
Sin inversión pública en el desarrollo de nuevas fuentes y mejora de las existentes no alcanzaremos el objetivo. Una compañía petrolera seguirá explotando y vendiéndonos combustibles fósiles y diciendo que no pasa nada mientras los esquimales estén ya friendo huevos sol. No hemos de esperar que ellos inviertan en otras fuentes que además son más caras, lo deben de hacer gobiernos e instituciones públicas. Aunque las puertas están abiertas al dinero privado.
Ideas hay muchas y sólo están esperando apoyo para llevarlas al mercado. Una mayor inversión económica producirá resultados automáticamente. Hay además una ingente cantidad de materia gris dispuesta a trabajar en el campo si se les paga para ello.
Dedicar más recursos al desarrollo de armas (u otro tipo de fines más o menos similares) de los que se dedican a todo lo demás es absolutamente estúpido además de inmoral.
La tecnología obtenida deberá de ser entregada además a los países en desarrollo libre de patentes y royaltis. Son ellos los que ahora necesitan más energía y las consecuencias las vamos a pagar todos. ¿O acaso les vamos a negar el acceso a todo lo que los demás tenemos? Recordemos que el dióxido de carbono de ahora es principalmente nuestro.
El cumplimiento del protocolo de Kioto se antoja en estas circunstancias de obligado cumplimiento y EEUU, el país que más contamina en el mundo, debería de suscribirlo cuanto antes, así como todos los demás que aun no lo han hecho.
Desde el espacio se ve claramente que todos viajamos una maravillosa nave espacial de color azul llamada Tierra. Es única, es nuestra casa, y no podemos ir a ningún otro sitio si se estropea. Debemos de cuidarla para las generaciones futuras. Quizás albergue la única vida inteligente de la galaxia, o ni siquiera eso si nosotros con nuestra estulticia demostramos lo contrario.

12-08-2005  »  NeoFronteras

Comentarios: 51

  1. Alvaro Uribe
    20 octubre 2009 @ 1:33 am

    El calentamiento global es una realidad que no queremos aceptar, es un cambio climatico que trae con sigo infinitas consecuencias, no es solo un simulacro, como lo dice el articulo es algo que ya esta pasando pero no vemos que nadie tome consiencia nisiquiera aquellas grandes compañias que dicen que nada pasa cuando especies ya estan muriendo.